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Sinopsis

“Leyendas del agua en México” se da cabida a una mayoría de relatos y a unos cuantos cuentos. Esto se debe en primer término a que el modelo inicial fue el texto de Felipe Garrido que lleva por título “Tajín y los siete truenos”, que es un cuento típico. Pero también obedece a que entre las leyendas reelaboradas privan esas dos estructuras, en congruencia, por su parte, con el contenido de las propias leyendas. Para lo que no había posibilidad alguna aquí era la inclusión de una novela, así fuera corta, toda vez que un propósito mayoritario del autor era bordar en torno a la creatividad manifiesta de los lugares a los que recurrió para recrear parte de su respectivo bagaje cultural, y hasta donde le ha sido dado enterarse no hay ninguna novela vernácula que hable de los temas aquí incluidos.

El libro estaría dirigido a niños y a lectores muy jóvenes, quienes están accediendo a la cultura del agua en forma de complemento a sus planes oficiales de estudio, y difícilmente podría insertarse en ese contexto un libro de todos modos más largo que los que puedan presumir del carácter de complementarios.

En general, para las leyendas narradas el autor conservó, además de la estructura de las que le sirvieron de base, elementos originales de los textos que fueron sus fuentes, en especial muchos de sus parlamentos. Una excepción fue “Ndareje, Río Lerma”, en la que agregó un suceso (el deseo del niño de que el águila sea “buena”, y la revelación de que lo es) como factor de cohesión entre los otomís y los jñato. Por su parte, “La Llorona” es original (si bien fue dada a conocer en un texto anterior) por cuanto se basa en información recibida por el propio autor de boca de supuestos protagonistas.

La estructura del libro
La composición misma del acervo de las leyendas mexicanas dio la pauta para el plan de este volumen:

  1. Leyendas prehispánicas.
  2. Leyendas coloniales.
  3. Leyendas modernas.

En el apartado correspondiente a estas últimas, cabe resaltar una leyenda que no ha dejado de vivir hasta hoy, habiéndose gestado en el primero de los tiempos que hacen dicha clasificación, y habiendo extendido su presencia, además, a un muy alto número de puntos del mapa nacional. Se trata de “La llorona”, sobre la que hablaremos luego con cierta amplitud.

Pertenecen al primer ámbito la leyenda “‘Nahui Atl’: el Cuarto Sol, o Sol de Agua”, de origen náhuatl; “Hapunda”, purépecha; “Tajín y los Siete Truenos”, totonaca, como antes dijimos, en versión de Felipe Garrido (2, 107-123); “Los árboles que lloran”, maya, y “El Tlalocan, o Paraíso de Tláloc”, teotihuacana, en versión del autor de este artículo sobre una idea del crítico de arte Antonio Rodríguez.

Del acervo nacional de leyendas coloniales se incluyen “El puente de los carmelitas”, guanajuatense; “Cuando se cambió el mundo, o cuando cayó el diluvio”, nayarita; “El manantial de la Alcantarilla”, michoacana; “El origen del lago de Tequesquitengo”, morelense, y “El pez que cenó San Juan”, oaxaqueña, ésta en versión del propio AGP sobre el texto del mismo nombre del célebre escritor Andrés Henestrosa.

Finalmente, se incluyen las siguientes leyendas modernas: “La Llorona”, hidalguense, versión del autor de este artículo sobre un texto propio (3, 106 y 107); “Las golondrinas de agua del Salto de San Antón”, morelense, texto original del autor de este artículo; “Ndareje, Río Lerma”, mexiquense; “Marina”, campechana, cuya versión es de Justo Sierra Méndez (6; 1, 92-99), y “Popchón y Xulubchón”, chiapaneca, texto original, asimismo, del autor de este artículo.

Las leyendas sobre las que no se especifica origen, provienen de distintos informantes compilados por José Rogelio Álvarez, al margen de que también la leyenda de Campeche y la de Andrés Henestrosa aparecen en su obra.


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